Efectos de la danza en el cerebro humano

Mucho se ha dicho acerca de que la música activa áreas profundas del cerebro. Pero, ¿qué pasa con el cerebro de los bailarines? Según la Neurociencia, la música asociada al movimiento genera un estado de fluidez que mejora el ánimo, relaja, conecta con los demás y activa la creatividad.

La Neurociencia ha estudiado cómo la música activa las áreas del cerebro responsables de las emociones, la memoria y la interacción social.

Tu cerebro al bailar

Hanna Poikonen, científica de la Universidad de Helsinki, desarrolló métodos para entender los procesos que la danza genera en la corteza cerebral. Comparó las funciones cerebrales de bailarines profesionales con las de músicos y las de personas sin experiencia en danza ni en música, mientras observaban grabaciones de una ejecución de danza.

Uno de los resultados fue que los bailarines muestran mayor sincronización en la frecuencia baja Theta, vinculada con las emociones y procesos de memoria, vitales para la interacción personal y el autoconocimiento.

Y es que en la danza los elementos humanos -la creatividad, los movimientos precisos del cuerpo, el contacto y la colaboración- se combinan de manera natural.

Concentración y productividad

La danza también está asociada a la fluidez, que en la psicología positiva se refiere al estado mental en el que una persona que realiza una actividad está completamente inmersa, enfocada y concentrada, con pleno involucramiento y disfrute del proceso.

Se ha descubierto que las experiencias de fluidez incrementan la satisfacción en general y la productividad de las personas, así como la calidad de la actividad que realiza. Y que este estado disminuye la activación de la red neural responsable de la lógica deductiva y de la observación detallada, lo cual abre espacio para que actúe la red neural creativa, que tiene un rol importante en la creación de un estado mental relajado.

Además, se ha encontrado que tanto quienes producen música como quienes ejecutan un movimiento logran sincronizarse en la misma frecuencia, lo cual genera un sentido de cooperación y empatía con los demás.

Otros estudios han arrojado que el ejercicio mejora el ánimo e, inclusive, es recetado para atender la depresión. Al encontrar el estilo de danza más adecuado para cada persona, muchas podrán olvidarse de las recomendaciones oficiales de ejercitarse en una caminadora o de contar los pasos en una escaladora.

La danza también es una forma de comunicación sin palabras, vital para entender los mensajes emocionales que envían otras personas. La improvisación por contacto físico hace que los bailarines ‘escuchen’ con atención el cuerpo de sus compañeros y que, a través del tacto, se reduzca el dolor y el miedo, en casos severos de ansiedad, demencia o la enfermedad de Parkinson.

Si bien la danza es una experiencia altamente personal y subjetiva, la Neurociencia nos ayuda a entender cómo es que las personas pueden practicarla para sentirse más conectadas consigo

Adaptado y traducido por Aída Ojeda, maestra de alumnos principiantes en Casa de Danza.